Esta película está narrada con un ritmo extraño en el que las mentiras y las verdades van de la mano narrando una historia de dolor y dinero. Esta película a la que Michael Bay puso el título, Yo, Tonya, es una completa bofetada al sueño americano, bueno mejor cambiemos la palabra, no es una bofetada, sino una muestra de cariño para todos aquellos que buscan un sueño americano y que saben perfectamente que no existe y para poder acercarse a ese sueño es pasar por el mudo del crimen.
En esta historia como en todas las demás, son los perdedores las personas a las que consideramos triunfadores y quienes tienen nuestro respeto y nuestra simpatía y en esta ocasión es Tonya Harding quien las tiene, al igual que su madre quien se convirtió en la voz de la conciencia trash de un paseo por el oropel y cutrelux de la sociedad del triunfo de las luces de neón, los pantaloncillos ajustados y los himnos de pacotilla.
Al igual que en aquel biopic similar llamado Domino de Tony Scott, Yo, Tonya revisa desde diferentes puntos de vista algunos acontecimientos y hace un buen uso de la memoria que resulta ser tan encantador que te enamoras por completo de sus justificaciones y roturas cada cinco minutos. La textura que domina por completo este trabajo es la de un programa que ataca directamente al hígado, es decir que trata de derrumbar los cimientos de la sociedad del consumo y de los héroes de Estados Unidos ya que la película de Gillespie habla sobre el capitalismo y sobre triunfar a como dé lugar sin importar sobre quien tengas que pasar.
Comentarios (1)
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Me encantó esta peli